martes, 27 de diciembre de 2011

Aguinaldo de Navidad: Cañas de la memoria

Gracias a la mano invisible operada por los terratenientes, se salvaron de la Ley seca las plantas de caña, de donde procedía el ron Cañita, bebida emblemática de nuestros campos tropicales. Años después, sin explicación alguna, no corrieron la misma suerte afortunada las plantas divinas de la Coca y la Marihuana. De haber sucedido con estas dos plantas lo que aconteció con las plantaciones de caña de azúcar y ron, otro cantar sería. 
    La prohibición de las bebidas alcohólicas más importante y mediática fue la enmienda XVIII a la Constitución de los Estados Unidos (conocida como Ley Volstead) apoyada por numerosos activistas antialcohol como Carrie Nation. Dicha prohibición provocó un auge considerable del crimen organizado.   

Cañas de la memoria es un tributo tropical desde la diáspora. Disfrútenlo.



      En Chicago, la guerra entre gángsteres se volvió frecuente. Uno de los más poderosos fue Al Capone. La viloación a La “ley seca” se vio favorecida además, por la corrupción en el gobierno, muy extendida en esa época, ya que se veian favorecidos por grandes sumas de dinero. Empresarios, policías y políticos obtenían beneficios personales con la prohibición.
     Uno de los ejemplos de aprovecharse de la situación fue el de el congresista de Texas que redactó la ley por la que fue arrestado al cabo de unas semanas por haber instalado una destilería en su rancho. 
     En 1923, a tres años de la prohibición, hay ya todo un sindicato del crimen organizado que irá afianzándose durante los años sucesivos. En 1928, a ocho años de la prohibición, hay más de 100,00 terapeutas inscritos en el registro especial para expender alcohol y están ganando el equivalente al 100% de lo no percibido por el Tesoro por concepto de impuesto sobre alcohol.
     En 1932, a doce años de la prohibición, hay ya casi 30,000 personas muertas por beber alcohol metílico y otras adulteraciones venenosas, y hay 100,000 consumidores con lesiones permanentes como ceguera o parálisis. En 1933, al cumplirse los trece años de vigencia de la prohibición, la Enmienda XVIII es derogada por la Enmienda XXI: vuelven a admitirse la fabricación, el tráfico y el consumo público del alcohol, convencida la nación de que la Ley seca, lejos de rendir los resultados esperados, provocó una abrumadora corrupción, injusticia, hipocresía, la creación de grandes cantidades de nuevos delincuentes y la fundación del crimen organizado.


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